1-O: el inaplazable derecho al voto

Que no les confunda el titular. No voy a escribir sobre el no-referéndum en Cataluña. Probablemente la del 1 de octubre de 2017 será una fecha de relevancia histórica en el futuro, pero ni de lejos tendrá la trascendencia del 1 de octubre de 1931. Entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre de aquel año, las Cortes Constituyentes debatieron y aprobaron (aunque no de forma definitiva) la esencia misma de la democracia, su elemento constitutivo: la igualdad de derechos de hombres y mujeres, con la consecuente eliminación de privilegios y el reconocimiento del sufragio universal, un derecho hasta entonces sólo reservado a los hombres.

El debate, durísimo, lo ganó a pulso la diputada Clara Campoamor, integrante de la Comisión Constitucional redactora del proyecto. No fue la igualdad de derechos lo impugnado ni la titularidad del derecho de sufragio, sino precisamente su puesta en práctica o, más concretamente, el ejercicio del derecho al voto por parte de las mujeres. Y fue, precisamente, buena parte de la izquierda (incluida la formación política de la propia Clara Campoamor) la que, habiendo votado a favor de la igualdad derechos el 29 de septiembre, trató por todos los medios, desde el día siguiente a esa aprobación, que el voto de las mujeres se aplazase. En efecto, el mismo 30 de septiembre el Partido Radical y Acción Republicana presentaban una traicionera enmienda al artículo en cuestión que, sin cuestionar abiertamente el derecho de las mujeres al voto, dudaban de su oportunidad, pretendiendo que fuera la ley electoral la que permitiese o impidiese a éstas su ejercicio. Hubo votación nominal esa tarde en el Congreso, solicitada por la propia Campoamor: 153 votaron en contra de la misma y 93 la apoyaron. Parecía que la lógica y la razón habían vencido por un margen de 60 votos, pero no. Al día siguiente, 1 de octubre, otra votación nominal, esta vez para votar no una enmienda, sino la totalidad del artículo 34 que reconocía el derecho al voto para ambos sexos. Con 161 votos a favor y 121 en contra, 40 votos de diferencia, quedó aprobado en el marco de un debate en el que se escenificó el enfrentamiento entre Clara Campoamor y Victoria Kent, por entonces las únicas dos diputadas de la Cámara.

Todavía hubo una intentona más: el 1 de diciembre, quienes habían visto derrotadas sus expectativas en las votaciones al articulado trataron de introducir una disposición transitoria en el proyecto de Constitución que estaba a punto de aprobarse. Pretendían dejar sin efecto temporalmente el artículo 34, de tal manera que sólo tras la celebración de dos elecciones municipales pudieran las ciudadanas votar en las elecciones legislativas, provinciales y regionales. Los votos socialistas y republicanos impidieron tal intento de vaciamiento constitucional por parte de Acción Republicana y de la minoría radicalsocialista, pero sólo por una diferencia de ¡4 votos!. Fue la diputada Clara Campoamor la encargada de rebatir esta enmienda, pero no cayó en la trampa de volver a defender el voto para las mujeres. Como bien afirmó “aunque mujer y convencida de la justicia de ese derecho, no voy a defender el voto. Eso ya pasó”. Lejos de contestar a los argumentos esgrimidos sobre la poca preparación política de las mujeres o su consideración como “la hipoteca del confesionario”, anunció que a lo que iba a contestar era a los verdaderos argumentos y razones que impulsaban la enmienda y que, sin embargo, no constaban específicamente en la misma. Y éstos no eran más que el miedo a que las mujeres votaran mayoritariamente a las derechas.

No lo pudo expresar mejor Clara Campoamor: “nos oponemos a que (…) dentro de la misma Constitución, se eleve (…) un monumento al miedo”.  Por eso afirmó: “Yo voy a defender la Constitución (…) Y ha de advertirse que entiendo que en toda la Constitución los derechos son los mismos” y, en consecuencia, no se podía condicionar el derecho al voto de la mitad de la ciudadanía.

La Constitución de la República de 1931 se aprobó el 9 de diciembre. Si no hubiera sido por la batalla que planteó Clara Campoamor, probablemente nos hubieran dejado sentadas a las mujeres en el banco de la paciencia. Justo donde suelen enviarnos siempre que planteamos el reconocimiento efectivo de nuestros derechos ¿Nos enviarán también allí cuando se plantee la reforma de la actual Constitución? ¿Permitiremos que eso suceda?

clara campoamor

(Recomiendo la lectura de los debates directamente de los diarios de sesiones de aquellas Cortes Constituyentes. Aquí va el enlace: http://www.congreso.es/est_sesiones/)

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