No hay cambio constitucional sin nosotras

(Artículo publicado en “Información” el 27 de julio de 2014 http://www.diarioinformacion.com/opinion/2014/07/27/hay-cambio-constitucional/1529242.html)

Tras las elecciones europeas del pasado mayo se ha hecho más patente el deseo de cambio constitucional desde muchos sectores sociales, políticos y profesionales. Sea como proceso constituyente o activando los mecanismos de la reforma constitucional, la cuestión es que leemos numerosas opiniones, tanto individuales como colectivas, sobre las materias a las que afectaría. Sigue leyendo

Justicia patriarcal

(Artículo publicado en el diario “Información” el domingo 20 de julio de 2014 http://www.diarioinformacion.com/opinion/2014/07/20/justicia-patriarcal/1526792.html)

Una adolescente es violada y amenazada de muerte por su violador si lo cuenta. Lo denuncia. La gente de su pueblo no la cree. Pero se declara probado en sentencia que lo que denuncia la niña es cierto. El pueblo sigue negándolo a pesar de que condenan al violador a prisión y a indemnizar a la víctima. El violador ingresa en prisión, pero no paga la indemnización. Le conceden el tercer grado. Regresa al pueblo. Ve a la madre de la niña que ha violado en una parada de bus. Se dirige hacia ella y le pregunta por la niña. No quiero imaginarme en la piel de esa madre. Enloquece. Sabe que el violador está en un bar, tan ricamente, y ella muerta de miedo por lo que le pueda volver a pasar a su niña. Tiene que hacer algo para proteger a su hija porque ni hay orden de alejamiento ni nada de nada. Huele que su criatura está en peligro. Como una autómata, se dirige a la gasolinera y pide que le llenen de combustible una botella de agua. Se va al bar donde está el hombre que violó a su hija y le rocía con la gasolina. Enciende una cerilla, se la arroja y se va. Lejos, sin rumbo. Muchas horas después la encontrarían al borde del mar con la mirada perdida, sin ser consciente de lo que ha hecho. El hombre arde y quienes allí están tienen la funesta idea de apagar el fuego con un extintor, que es lo que le causa la muerte días después. La madre, enferma incurable ya,  es juzgada y la condenan a prisión y a indemnizar a la familia del hombre que violó a su hija.  Pasa un año en prisión provisional. Se pide un indulto para ella. Se le deniega. Se pide otro indulto y se paraliza el ingreso en prisión. El tribunal se ha mostrado favorable a la concesión parcial de indulto, pero el Ministerio de Justicia lo deniega. Vuelve a ingresar en prisión; la más cercana a su domicilio. Es una familia humilde, sin recursos, pero comienzan a pagar a plazos la indemnización a la familia del violador, que sigue sin abonar su parte. Sólo quieren tenerla en casa. Y llega la tercera petición de indulto. Y el mismo Tribunal que informó favorablemente ahora lo hace en sentido contrario. Una de las causas alegadas es que ella no “ha hecho el mínimo esfuerzo por reparar el daño causado a la familia de la víctima”. Y la castigan llevándola a una prisión más alejada de su familia, de su niña, que es la que está pagando, con su modesto sueldo,  a la familia del que la violó ¿Es esto justicia? Sí, justicia patriarcal.

El Tren de la Libertad: un pacto feminista

(Artículo publicado en “Información” el domingo 13 de julio de 2014 http://www.diarioinformacion.com/opinion/2014/07/13/tren-libertad-pacto-feminista/1524272.html)

He recibido muchos mensajes de mujeres a cuenta de una experiencia que publiqué el pasado domingo sobre ese miedo terrorífico ante la inminencia de una agresión sexual y los insultantes consejos que figuran sobre ello en la página web del Ministerio del Interior. Confiesan experiencias similares o más amargas, mucho más. Somos muchas, muchísimas. Podemos decir que casi todas. En todos los lugares y culturas. En todos los tiempos.

Compartirlas, saber que eso no le pasa sólo a una y que ni mucho menos tiene la culpa de ello, reflexionar juntas, es lo que nos ha permitido y nos permite combatirlas. Juntas también. Porque las cuestiones que nos afectan exclusiva o mayoritariamente a las mujeres no se introducen en la agenda política por arte de magia ni por el paso del tiempo. Y eso hace el feminismo en toda su diversidad. Por eso el lema “Lo personal es político”, acuñado por las feministas cuando algunas ni siquiera habíamos nacido, sigue vigente. Hace falta que las experiencias de las mujeres importen y eso no es posible si no hay una fuerza que se empeñe en ello. Y la fuerza se construye en torno a consensos, a pactos. Pactos no escritos, pero sí sentidos.

Pactos como el que representa el Tren de la Libertad, esa enorme manifestación que nos concentró en Madrid (también en París, en Edimburgo, en Roma, en Buenos Aires y en tantas y tantas ciudades del planeta) el pasado 1 de febrero contra el proyecto de Gallardón de suprimir la libertad de decisión de las mujeres sobre su embarazo. Este jueves se estrenó simultáneamente en un centenar de ciudades españolas el documental colectivo “Yo decido. El Tren de la Libertad” que forma parte de este pacto dejando testimonio del mismo.

¿Cómo se lo podría describir? No encuentro mejores palabras para hacerlo que las de mi amiga Cova Peremarch, una joven alicantina de 23 años: “Fue un día para la historia, fue un encuentro sentido, imborrable, un grito unido por la libertad de las mujeres. Un momento que se queda dentro de quienes tuvimos la suerte de vivirlo, y que ahora tenemos la suerte de revivirlo y compartirlo. Gracias, gracias y gracias. El feminismo es mucha lucha, mucho nadar a contracorriente, muchos momentos duros, pero es encuentro, es sororidad, es reflexión y crecimiento, es amistad y la mano sincera de la compañera. El feminismo salva vidas desde el encuentro con las demás, que como tú sufren desigualdades y están dispuestas a luchar contra ellas. Me siento afortunada y orgullosa. Y sé que no podrán con nosotras”.

Está colgado en abierto en internet. Véanlo. Sabrán entonces que todo lo que dice Cova es cierto. No podrán con nosotras.

He recibido muchos mensajes de mujeres a cuenta de una experiencia que publiqué el pasado domingo sobre ese miedo terrorífico ante la inminencia de una agresión sexual y los insultantes consejos que figuran sobre ello en la página web del Ministerio del Interior. Confiesan experiencias similares o más amargas, mucho más. Somos muchas, muchísimas. Podemos decir que casi todas. En todos los lugares y culturas. En todos los tiempos.

Compartirlas, saber que eso no le pasa sólo a una y que ni mucho menos tiene la culpa de ello, reflexionar juntas, es lo que nos ha permitido y nos permite combatirlas. Juntas también. Porque las cuestiones que nos afectan exclusiva o mayoritariamente a las mujeres no se introducen en la agenda política por arte de magia ni por el paso del tiempo. Y eso hace el feminismo en toda su diversidad. Por eso el lema “Lo personal es político”, acuñado por las feministas cuando algunas ni siquiera habíamos nacido, sigue vigente. Hace falta que las experiencias de las mujeres importen y eso no es posible si no hay una fuerza que se empeñe en ello. Y la fuerza se construye en torno a consensos, a pactos. Pactos no escritos, pero sí sentidos.

Pactos como el que representa el Tren de la Libertad, esa enorme manifestación que nos concentró en Madrid (también en París, en Edimburgo, en Roma, en Buenos Aires y en tantas y tantas ciudades del planeta) el pasado 1 de febrero contra el proyecto de Gallardón de suprimir la libertad de decisión de las mujeres sobre su embarazo. Este jueves se estrenó simultáneamente en un centenar de ciudades españolas el documental colectivo “Yo decido. El Tren de la Libertad” que forma parte de este pacto dejando testimonio del mismo.

¿Cómo se lo podría describir? No encuentro mejores palabras para hacerlo que las de mi amiga Cova Peremarch, una joven alicantina de 23 años: “Fue un día para la historia, fue un encuentro sentido, imborrable, un grito unido por la libertad de las mujeres. Un momento que se queda dentro de quienes tuvimos la suerte de vivirlo, y que ahora tenemos la suerte de revivirlo y compartirlo. Gracias, gracias y gracias. El feminismo es mucha lucha, mucho nadar a contracorriente, muchos momentos duros, pero es encuentro, es sororidad, es reflexión y crecimiento, es amistad y la mano sincera de la compañera. El feminismo salva vidas desde el encuentro con las demás, que como tú sufren desigualdades y están dispuestas a luchar contra ellas. Me siento afortunada y orgullosa. Y sé que no podrán con nosotras”.

Está colgado en abierto en internet. Véanlo. Sabrán entonces que todo lo que dice Cova es cierto. No podrán con nosotras.

He recibido muchos mensajes de mujeres a cuenta de una experiencia que publiqué el pasado domingo sobre ese miedo terrorífico ante la inminencia de una agresión sexual y los insultantes consejos que figuran sobre ello en la página web del Ministerio del Interior. Confiesan experiencias similares o más amargas, mucho más. Somos muchas, muchísimas. Podemos decir que casi todas. En todos los lugares y culturas. En todos los tiempos.

Compartirlas, saber que eso no le pasa sólo a una y que ni mucho menos tiene la culpa de ello, reflexionar juntas, es lo que nos ha permitido y nos permite combatirlas. Juntas también. Porque las cuestiones que nos afectan exclusiva o mayoritariamente a las mujeres no se introducen en la agenda política por arte de magia ni por el paso del tiempo. Y eso hace el feminismo en toda su diversidad. Por eso el lema “Lo personal es político”, acuñado por las feministas cuando algunas ni siquiera habíamos nacido, sigue vigente. Hace falta que las experiencias de las mujeres importen y eso no es posible si no hay una fuerza que se empeñe en ello. Y la fuerza se construye en torno a consensos, a pactos. Pactos no escritos, pero sí sentidos.

Pactos como el que representa el Tren de la Libertad, esa enorme manifestación que nos concentró en Madrid (también en París, en Edimburgo, en Roma, en Buenos Aires y en tantas y tantas ciudades del planeta) el pasado 1 de febrero contra el proyecto de Gallardón de suprimir la libertad de decisión de las mujeres sobre su embarazo. Este jueves se estrenó simultáneamente en un centenar de ciudades españolas el documental colectivo “Yo decido. El Tren de la Libertad” que forma parte de este pacto dejando testimonio del mismo.

¿Cómo se lo podría describir? No encuentro mejores palabras para hacerlo que las de mi amiga Cova Peremarch, una joven alicantina de 23 años: “Fue un día para la historia, fue un encuentro sentido, imborrable, un grito unido por la libertad de las mujeres. Un momento que se queda dentro de quienes tuvimos la suerte de vivirlo, y que ahora tenemos la suerte de revivirlo y compartirlo. Gracias, gracias y gracias. El feminismo es mucha lucha, mucho nadar a contracorriente, muchos momentos duros, pero es encuentro, es sororidad, es reflexión y crecimiento, es amistad y la mano sincera de la compañera. El feminismo salva vidas desde el encuentro con las demás, que como tú sufren desigualdades y están dispuestas a luchar contra ellas. Me siento afortunada y orgullosa. Y sé que no podrán con nosotras”.

Está colgado en abierto en internet. Véanlo. Sabrán entonces que todo lo que dice Cova es cierto. No podrán con nosotras.

Habla con tu presunto violador

(Artículo publicado en “Información” el domingo 6 de julio de 2014 http://www.diarioinformacion.com/opinion/2014/07/06/habla-presunto-violador/1521896.html)

Yo tenía casi doce años y volvía a mi casa desde el cole. No supe que me seguía hasta que se abrieron las puertas automáticas del ascensor y ví su imagen reflejada en el espejo del fondo, detrás de la mía. A ese tío, grande y gordo, ya lo había visto alguna que otra vez por la calle. No sé ni cómo lo hice, pero escapé escaleras arriba sin sentirme ni las piernas. Sigue leyendo