“La mujer” y el discurso del rey

(Artículo publicado en “Información” el 22 de junio de 2014 http://www.diarioinformacion.com/opinion/2014/06/22/mujer-discurso-rey/1516838.html)

El nuevo rey Felipe VI, en su primer discurso como tal, sólo mencionó la palabra igualdad para referirse a la de todos los españoles (já, me entra la risa). En un discurso de 26 minutos de duración y 2987 palabras en el que tras referirse a las funciones constitucionalmente atribuidas a la Corona hizo referencia a las víctimas de la violencia terrorista, a las de la crisis económica, al paro (especialmente de la juventud), a Europa, a las relaciones con otros países…no tuvo espacio para las víctimas del terrorismo machista (y llevamos ya más de 30 sólo en 2014). Fueron, como siempre, invisibilizadas, silenciadas, ignoradas.

Hasta tres veces repitió la expresión “hombres y mujeres” para referirse a su generación, que también es la mía, pero se limitó a afirmar que el presente siglo “también del medio ambiente, deberá ser aquel en el que los valores humanísticos y éticos que necesitamos recuperar y mantener, contribuyan a eliminar las discriminaciones, afiancen el papel de la mujer y promuevan aún más la paz y la cooperación internacional”. Escucharle eso y hervirme la sangre fue todo uno ¿Cómo habla de eliminar las discriminaciones aquel que encarna la más evidente de todas? Además ¿acaso ha procurado eliminar la discriminación de la que él es beneficiario directo? Porque le habría bastado con renunciar a la Corona antes de tener hijas para que fuera su hermana mayor la heredera. Y eso de afianzar el papel de la mujer…Tanto hablar en plural en el discurso, tanta mención de la diversidad y el pluralismo para acabar denominando a la mitad del pueblo como “la mujer”. Que somos muchas y muy diversas, oigan. Y siguen sin enterarse estos señores que habrán repasado tantas veces el discursito y no reparan en que “la mujer” es una expresión homogeneizadora que crea una identidad de género de la que nos queremos sacudir de una vez por todas. Pero quizá sí se hayan enterado y por eso mismo hablan de “afianzar” el papel de la mujer, es decir, de que no nos salgamos de ese estereotipo. Ser madres sobre cualquier cosa y buenas consortes de nuestros maridos, aguantando dignamente los tratos (incluso malos) que nos quieran dispensar. Para eso, nada mejor que prohibir la interrupción voluntaria del embarazo, expulsarnos del mercado de trabajo o mantenernos en él sólo a tiempo parcial para poder cuidar a dependientes y también a independientes y mirar hacia otro lado ante la violencia machista al tiempo que se limitan los recursos para combatirla. Las aulas segregadas por sexo y la eliminación de la educación en igualdad son buena forma de socializar en esos objetivos. Déjense de cuentos. No queremos ser princesas ni reinas consortes. 

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