Irresistible

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(Artículo publicado en “Información” el 20 de agosto de 2006)
Es inevitable. Cada verano igual. La playa se inunda de cuerpos prácticamente desnudos de todos los tamaños y edades con los que, de forma casi inevitable, tiendo a comparar el mío. Y la conclusión es siempre la misma: contrición y propósito de enmienda. Esto a mí el verano que viene no me pasa. Es algo que llevo pensando tantos años que ya no recuerdo ninguno en que no me dijera lo mismo. Pero es que cada año llevo acumulados quilos de más. También cada año soy un poco menos joven. Así que resuelvo que he de ponerme a dieta casi perpetua (o comer sano), hacer deporte (que me ha horrorizado toda la vida), ponerme cremas específicas contra la celulitis y las estrías, amén de la hidratante por la mañana y la antiarrugas por la noche, sin olvidar la del contorno de ojos (¡puaj, qué pringue!). Y el pecho ya no tiene la firmeza de antes y eso no hay crema que lo arregle, así que igual un retoque en quirófano…Sí, así el verano que viene seré irresistible, como mandan los anuncios de las clínicas de estética. Todo esto pienso mientras me pongo el pareo estratégicamente de forma que oculte mis michelines y me encamino al chiringuito para tomarme una cerveza fresquita. Total, este verano ya no lo voy a arreglar, así que no voy a privarme de ese pequeño placer que contribuirá un poco más a aumentar mi volumen. Pero el verano que viene voy a estar irreconocible, voy a ser irresistible. Luego evoco a George Sand, la escritora con seudónimo varonil que a los cuarenta y cinco años conquistó al joven grabador Manceau, de treinta y dos, y estuvieron juntos quince años, hasta que él murió. Con más de sesenta años mantuvo una apasionada relación sexual con el pintor George Marchal, veintidós años más joven que ella. Y a Agatha Christie, que a los cuarenta enamoró perdidamente a Max Mallowan, un joven de veinticinco, que estuvo junto a ella los cuarenta y cinco restantes años de su vida. Ellas y otras, célebres y anónimas, fueron irresistibles a pesar de no ser jóvenes bellas de cuerpos esculturales. Y yo, definitivamente, llego a la convicción de que ser irresistible por fuera requiere de tantos sacrificios e incomodidades que me privarían de disfrutar la vida, que es lo que te hace irresistible por dentro. Voy a pedir otra cervecita.

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